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Un dibujo infantil a lápiz sobre un folio, del archivo de la consulta

Artículos Infancia

La importancia de un buen descanso en la infancia

El descanso se relaciona con el bienestar y el funcionamiento cotidiano durante la infancia. Para comprender una dificultad de sueño conviene considerar la edad, los hábitos, el entorno y los posibles factores médicos y emocionales.

3 min de lectura

Un buen descanso en la infancia es fundamental para el desarrollo físico, cognitivo y emocional de los niños. Durante el sueño, el cuerpo libera hormonas esenciales, como la hormona del crecimiento, que favorecen el desarrollo físico. Además, el sueño contribuye a la consolidación de la memoria y al aprendizaje, lo que es vital para el rendimiento académico. El descanso adecuado también es importante para la regulación emocional; la falta de sueño aumenta la irritabilidad, la impulsividad y puede generar dificultades en la toma de decisiones y en el manejo del estrés.

A nivel emocional, el descanso ayuda a los niños a recuperarse de las experiencias del día. Dormir poco o mal se asocia con más irritabilidad y con dificultades emocionales y de conducta, que pueden interferir en su bienestar y en su manera de relacionarse con los demás.

El sueño participa también en el funcionamiento del sistema inmunitario y en la salud física en general. Por eso un buen descanso forma parte del cuidado de la salud en la infancia.

Las dificultades de sueño pueden afectar a la atención, al estado de ánimo y al rendimiento escolar. El consenso de la American Academy of Sleep Medicine recomienda que los niños de 6 a 12 años duerman habitualmente entre 9 y 12 horas por cada 24 horas, y los adolescentes de 13 a 18 años entre 8 y 10. Estas orientaciones ayudan a revisar los hábitos, pero una valoración del sueño también considera su calidad, regularidad y repercusión durante el día.

Cuando el sueño se confunde con TDAH

Es importante que padres y cuidadores sepan que la inatención, la inquietud o el mal comportamiento en la escuela pueden estar relacionados con un sueño insuficiente o de mala calidad. La falta de sueño puede producir dificultades parecidas a las del TDAH, y ambas situaciones también pueden coexistir: por eso conviene revisar el sueño al valorar dificultades de atención, sin dar por hecho que una explica la otra. La falta de sueño se asocia además con más malestar emocional.

Antes de llegar a conclusiones, es útil revisar las rutinas de sueño del niño con un profesional. Según lo que se observe —ronquidos, pausas en la respiración, despertares muy frecuentes, somnolencia diurna marcada—, la valoración pediátrica puede indicar si conviene un estudio o una derivación especializada. Unas rutinas regulares y adecuadas a la edad suelen favorecer el descanso y el bienestar durante el día.

Qué pueden hacer los padres

Los padres y cuidadores deben establecer prácticas como limitar el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir, mantener horarios regulares y fomentar un ambiente de descanso adecuado. Estas medidas pueden favorecer la calidad del sueño del niño y, con ello, en su capacidad de atención, regulación emocional y resistencia frente al estrés.

El sueño tiene también una dimensión emocional y familiar. Para algunos niños, la noche es el momento en que aparecen los miedos o en que cuesta separarse de los padres, y acompañar ese momento forma parte de la rutina. Mantener horarios regulares no siempre es fácil —turnos de trabajo, cambios en la familia, hermanos con ritmos distintos—, y no se trata de culpabilizar a las familias, sino de encontrar lo que es posible en cada casa. Si las dificultades se mantienen o preocupan, se puede consultar.

Referencias

  • Paruthi et al. (2016). Recommended Amount of Sleep for Pediatric Populations: A Consensus Statement of the American Academy of Sleep Medicine. https://doi.org/10.5664/jcsm.5866

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